Reflexión: mi verdad al ser psicóloga
- aleegsrr

- 14 nov 2025
- 2 Min. de lectura
"De los 8,000 millones de personas que existen en el mundo hay una que, para ti, debería ser la más importante de todas: tú."
Hay algo que he ido entendiendo con el paso del tiempo: ser psicóloga no me convierte en alguien inmune a la vida. No estoy por encima del dolor, ni libre de mis propios procesos. También atravieso mis propios duelos, mis cansancios, mis dudas. Yo también me miro al espejo y, a veces, no tengo todas las respuestas. Y aun así, decido estar aquí.
Esta profesión, la que elegí y sigo eligiendo cada día, me hace entender que acompañar no significa saberlo todo, sino llevar a la práctica el estar presente incluso cuando mi mundo interior se mueve.

Hay días en los que me siento fuerte, segura, centrada y luminosa. Y hay otros en los que me cuesta. Días en los que mi propio proceso me saluda antes de que empiece mi jornada, y aun así tengo el compromiso ético y emocional, de abrir un espacio limpio para quien acude a mí. Este acto, tan simple y, a veces, tan difícil, es quizá una de las mayores responsabilidades de esta profesión: ver al otro con toda su verdad, mientras que la mía se queda en pausa por un momento.
No para ignorarla, sino para honrar el espacio que la otra persona se está dando para sanar y mejorar su calidad como individuo en este planeta que, todos, compartimos.
A veces, al momento que me cuentan las historias y percibo que me han impactado de alguna forma u otra, recuerdo que no soy una máquina y que mi humanidad es parte de lo que me sostiene. No dejo de sentir; sino, elijo sentir distinto. Elijo sentir sin invadir, sin centrarlo en mí, sin robar protagonismo. Porque quien está frente a mí es lo más importante en ese instante, y mi trabajo es acompañarlo a ver su luz, su paz, su esperanza, incluso cuando yo también sigo aprendiendo a ver las mías.

En el consultorio no hay espacio para el ego, porque el ego interrumpe la presencia. Y en el fondo, la presencia es lo que más transforma. Todos los días al terminar la última consulta testifico que el ser humano es una maravilla: tan frágil, complejo, valiente. Todos tan distintos y a la vez tan parecidos. Realidades diferentes donde cada verdad es válida, necesaria y respetable.
A veces no tengo las respuestas. Y a veces, las consultas más poderosas suceden cuando simplemente estoy para: acompañar lágrimas, enojos, silencios, decisiones difíciles... acompañar a la vida como es. Esta profesión me reta a vivir con honestidad, a sentir sin perderme, a llevar a la práctica aquello que profeso.
Ésta es la verdad del psicólogo: somos humanos que acompañan humanidad.
No desde la perfección, sino desde la coherencia.
No desde la distancia, sino desde la presencia consciente.
No desde la superioridad, sino desde la humildad de saber que todos estamos aprendiendo a vivir.





Comentarios