Para los días de bajón
- aleegsrr

- hace 2 días
- 3 Min. de lectura
Absolutamente todos tenemos días de bajón. ¿A qué me refiero con eso? A esos días en los que amaneces desanimado, con una sensación de baja energía, como si algo dentro de ti caminara más lento de lo habitual.
Lo complicado es que cuando llegan esos días le damos oportunidad al pensamiento, a veces sin darnos cuenta, de tomar la batuta y empezar a cuestionar qué es lo que estamos haciendo mal.
A veces, incluso, llega ese momento en el que uno se vuelve un juez rígido de sus propias circunstancias.
Volteas a ver el recorrido caminado y lo criticas:
¿por qué eres así?
¿por qué tomas esas decisiones?
Y de pronto… ¡ZAZ!
Ya estás inmerso en un sitio mental al que definitivamente no planeabas llegar.
Así que, ya sea que estés ahí ahora o que hayas estado ahí antes, te dedico este artículo para recordarte algo importante: no sólo te pasa a ti y no estás solo en esto.
Es completamente normal, y parte de la vida, tener altibajos.
En el lado positivo, tener estos pensamientos también habla de algo valioso: de tu conciencia y de tu capacidad de mejorar.
Días así nos recuerdan que somos seres humanos, parte de este mundo, y que esos cambios de ánimo también forman parte de estar vivos.
Cuando lleguen esos días de bajón —con dudas, preguntas o críticas internas— acuérdate de estas palabras que hoy te escribo.

Primero: bajar un poco el ritmo está bien.
Detenerse para hacer autoobservación está bien. Pero no una autoobservación exagerada ni castigadora, sino una mirada hacia uno mismo para reconocer lo que está pasando en el momento.
Observa sin juicio por un instante y pregúntate:
¿De qué estoy corriendo?
¿Qué me está faltando?
¿Qué me está costando atravesar?
¿Qué es lo que realmente siento?
¡Estás vivo! Y hay cosas y personas que te importan.
Acepta que hoy, en este momento, tu mente o tu cuerpo pueden estar cansados, confundidos o atravesando algo que todavía no sabes nombrar.
Y no está mal.
No le pongas una connotación inmediata.
Simplemente es lo que es hoy.

Si te has sentido desconectado, tal vez lo que necesitas es terminar de desconectarte un rato de tu teléfono, de las redes sociales, de los videojuegos o incluso de ciertas expectativas.
Si no tienes energía, permítete descansar. Cuida tu alimentación, hidrátate y dale a tu cuerpo la oportunidad de recuperarse poco a poco.
Si te sientes triste, llora. Llorar es una de las formas más naturales que tiene el cuerpo para liberar emociones y tensiones.
Si te sientes irritado o enojado, escribe, pinta o incluso golpea una almohada. Permite que tu cuerpo exprese aquello que ha estado reprimido.
Si tienes miedo, habla con alguien sobre ello. Permítete sentir contención y recordar que no tienes que atravesarlo todo en soledad.
Véelo de esta forma: como parte de este existir finito.
Todo lo que sientes, vives y experimentas también es finito.
Esto también pasará.
Y si hoy te sientes en uno de los puntos más bajos de tu ánimo o de tu energía física (sin una enfermedad aparente), es altamente probable que en unos días empieces a sentirte mejor.
Sólo hoy, en este día de bajón, baja también la exigencia.
Baja la prisa.
Baja la necesidad de estar en otro lugar distinto al que estás.
Desconéctate un poco para poder reconectar.
Ajustarte al ritmo que hoy marca tu propia biología también es una forma de escucharte.
Tal vez hoy sea un buen día para caminar más despacio, exhalar más suave y darte permiso de desacelerar.
Como lo haría una planta o un árbol.
No todas las temporadas florecen o dan frutos.
Pero cuando reciben nutrición, cuidado y tiempo, eventualmente florecen de una forma única y preciosa.
Como florece todo aquello que está vivo.
Incluso los días grises forman parte del clima necesario para que algo vuelva a florecer.





Comentarios