El valor del vacío
- aleegsrr

- 19 sept
- 2 Min. de lectura
Parte de la maravilla de la vida viene con el aprender a transicionar, sostener y abrazar los momentos en los que contactamos con el vacío. Pues, conforme avanzamos en este hermoso camino llamado vida, diferentes personas, etapas, trabajos, mascotas e incluso lugares se ganan un espacio en nuestra atención o corazón. Buenos momentos vividos con "la otra parte" que traen armonía, felicidad y sensación de completitud. Cómo nos gustaría, a veces que duraran para siempre.

Es verdad que, con o sin previo aviso, un día llega ese momento cuando la realidad toca a la puerta para recordarnos algo que, de forma consciente o inconsciente, ya sabemos: absolutamente todo es finito. Y ante la partida entramos en contacto con lo que llamaré "el vacío". Ese espacio de nosotros que le hemos brindado a la otra parte, esa que, de pronto, ya no se puede nutrir de la misma manera.
¿Qué nos enseña el vacío? En principio, el vacío nos vuelve más humildes, nos recuerda que somos seresvulnerables, pero también, que sabemos amar, entregarnos, apreciar... Nos recuerda que tenemos vida, y que la vida es movimiento y, por ende, estamos en constante transición.
"Que la memoria trascienda el tiempo y el lenguaje,
convirtiéndose en camino, en guía, en inspiración.
Que en el legado cada alma encuentre
lo que estaba destinado a recordar."
Contactar con el vacío es el silencio y espacio que existe para recordarnos cómo podemos evolucionar hacia mejores versiones de nosotros mismos. El vacío puede tornarse en un hermoso significado lleno de valores, simbolismos y sabiduría para poner en práctica todos los días. Hacer del vacío un espacio que, al contactar con él, nos permita honrar aquello tan hermoso que hemos vivido, compartido y que, por ende, también forma ya parte de nuestra propia sabiduría.
Dedico este pequeño artículo a quienes atraviesan una pérdida en cualquiera de sus formas; a las familias que, en medio del dolor por la partida de un ser querido, necesitan recordar que siempre queda vivo el legado de quien se fue.





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