A veces la vida se pone difícil
- aleegsrr

- hace 2 horas
- 3 min de lectura
Es verdad que, para algunos, las circunstancias que vive otra persona pueden parecer sencillas; para otros, esas mismas circunstancias podrían resultar sumamente difíciles. Lo cierto es que, sin importar el tamaño o la gravedad de una situación, existen múltiples factores que influyen directamente en lo que sucede después: quién la vive, quiénes están involucrados, los recursos con los que se cuenta —económicos, intelectuales, emocionales— y muchos otros más.
Y a veces, uno simplemente quisiera salir corriendo de ahí o que nada de esto hubiera sucedido.
Entonces surge la pregunta: ¿hasta dónde realmente podemos hacerlo? ¿Es sano hacerlo? ¿Hago más bien o más mal si decido involucrarme o no hacerlo?

A lo largo de mi camino, he tenido la fortuna —o la desfortuna— de atravesar múltiples eventos difíciles, tal vez como tú o como alguien que conoces. Y con el tiempo he llegado a descubrir que existen cosas y circunstancias que simplemente no están en mis manos.
Quizá por eso me volví psicóloga.
Porque comprendí que una de las tareas más útiles que podemos realizar es hacernos cargo de nosotros mismos. Lo cual tampoco es sencillo. Sin embargo, es una de las responsabilidades más importantes y efectivas que he encontrado para influir en el desenlace de la mayor responsabilidad que tenemos en esta vida: nosotros mismos.
Enumerar todos los escenarios difíciles que podemos llegar a vivir sería una tarea interminable. Tanto, que uno de los hombres que más ha impactado la historia a través de su sabiduría optó por sentarse bajo un árbol a contemplar y llorar por el sufrimiento humano.
Y es que surge otra pregunta:
¿El sufrimiento es una elección o es algo inevitable?
Quizá sea un poco de ambas.
Desde distintos enfoques filosóficos, espirituales y religiosos, el ser humano ha intentado responder a esta pregunta durante siglos. Particularmente ante el duelo y la pérdida, las religiones han ofrecido diferentes caminos para atravesar el dolor: la compasión, la entrega absoluta, la confianza en Dios, el amor, el desapego o la comprensión de que todo sigue un rumbo que muchas veces no alcanzamos a comprender por completo.
Yo quisiera hacerte una pregunta:
¿Con cuál de estas formas te identificas más cuando atraviesas una situación difícil?
Probablemente no exista una respuesta correcta.
Sin embargo, desde una perspectiva profundamente humana, quisiera proponerte algo antes de tomar una decisión: muévete desde el lugar que te traiga paz y actúa en coherencia con ello.

A veces, tomar una decisión que nos brinda paz implica atravesar todo lo anterior. También implica un duelo. Un reto con nuestra propia voluntad, con esos deseos, expectativas o apegos a los que nos sentimos atados.
Esa pequeña voz que a veces aparece y susurra:
"No te quedes donde estás".
O, por el contrario:
"Permanece, porque esto es importante".
Las posibilidades son infinitas.
Pero siempre queda en ti la responsabilidad sobre aquello que decides elegir para tu camino.
Eso es tuyo. Y solamente tuyo.
Tienes la libertad de descubrir cuáles son las vías que te acercan a una vida más tranquila; a esa vida que deseas construir. Buscar apoyo, hacer preguntas, expresar lo que necesitas, pedir acompañamiento... todo es válido.
Siempre y cuando tu decisión nazca desde la intención de procurar tu mayor bienestar y, en la medida de lo posible, también el de quienes te rodean.
Porque resistir o aguantar a costa de uno mismo —o del otro— tiene un peso enorme.
Tarde o temprano, el equilibrio se pierde.
Si hay culpa, enojo, resentimiento o una profunda tristeza, trabájalo.
Esos estados internos te corresponden a ti. Y solamente a ti te corresponde asumir la responsabilidad de transformarlos.
Y cuando comienzas a hacerlo, algo cambia.
Poco a poco te liberas de aquello que te aprisiona y entonces nuevas respuestas empiezan a aparecer.
Si hoy estás atravesando un momento difícil, te invito a acercarte a terapia.
Estamos en el siglo XXI, en una época en la que hemos evolucionado lo suficiente como para comprender que pedir ayuda también forma parte de la fortaleza humana.
Porque pedir apoyo no es de débiles.
Es de valientes.





Comentarios