¿Perdiste el rumbo o estás encontrando uno nuevo?
- aleegsrr

- hace 4 horas
- 4 min de lectura
Hola, hola. Bienvenid@ nuevamente a este espacio: un pequeño momento compartido entre tú y yo, donde dedico estas líneas a que puedas nutrir un poco tu bienestar.
A lo largo de mi camino personal y profesional, y de mi propio aprendizaje para explicar, comunicar y transmitir, me he dado cuenta de que una de las formas de darme a entender que más disfruto son las analogías. Me parece increíble cómo, muchas veces, nuestra vida se parece más a un camino, una tormenta o incluso a un viaje sin mapa de lo que imaginamos. Diría que me es muy fácil visualizar escenarios y, desde ahí, encontrar alternativas o nuevas formas de mirar las cosas.
En el tema del día de hoy quiero compartirte una breve reflexión para que, con calma y propósito, puedas retomar o encontrar ese camino de vida que necesitas y alinearte hacia tu verdadero propósito. Y, en caso de que no te sientas perdid@, quizás estas líneas simplemente te ayuden a alinearte todavía más.

Tal vez, hasta ahora, has estado caminando por inercia, simplemente dando pasos sin rumbo, dejándote llevar por lo que aparece en el camino y, de pronto, te encuentras con la sensación de estar perdid@; cuestión que, de vez en cuando, nos pasa a todos.
O quizá tomaste un camino hacia un objetivo, pero durante el trayecto comenzaron a aparecer horizontes más brillantes o atractivos y ahora deseas definir tu destino con mayor claridad.
O tal vez sucedió algo inesperado: quizás ibas acompañad@ y esa persona, por alguna razón, dejó de caminar a tu lado. Entonces ahora hay que redefinir metas, nuevos rumbos, y no sabes por dónde empezar.
Sea cual sea tu razón, la realidad es que, hasta ahora, has avanzado sin parar. Y lo primero a lo que quiero invitarte es a que, al menos por un momento, te detengas.
Ahora mismo, mientras lees esto, siéntate o tómate un instante para observar verdaderamente dónde estás. Observa tu alrededor y toma nota de qué hay, quiénes son las personas que están cerca de ti, cuáles son tus prioridades y qué pensamientos ocupan la mayor parte de tu tiempo.
Y responde:
¿Cómo te sientes?
¿Qué te motiva o te cansa?
¿Qué te da paz y qué te estresa?
¿Te gusta dónde estás?
Para facilitar encontrar respuestas, no dejes de respirar. Respirar te ayudará a ir hacia tu interior, dándote permiso de identificar esas sensaciones corporales que, por lo general, siempre están contigo, aunque no necesariamente les prestes atención.
Y si esas sensaciones, ya sean cómodas o incómodas, pudieran hablar… ¿qué dirían?
Todo este primer ejercicio es una invitación para recordarte que, aunque te encuentres donde sea que estés, hay muchísima información valiosa sobre ti que puedes descubrir si tan solo te regalas un espacio para estar contigo y regresar la mirada hacia tu interior.
Ahora, algo que me encanta hacer es identificar aquellas cosas que te hacen bien, que te hacen feliz; esas actividades que puedes realizar durante horas y aun así el tiempo se te va volando.
Ojo: aquí es importante distinguir la diferencia entre aquello que simplemente te entretiene y te desconecta (por ejemplo, ver televisión o jugar videojuegos) y aquellas actividades que requieren de tu presencia y atención, como escuchar música, activarte físicamente, pintar, escribir, estar con personas queridas, hacer jardinería, entre muchas otras.
Aquello que anotes en tu lista puede convertirse en una guía personal: pequeños ingredientes emocionales a los que puedes acudir cuando te sientas triste, desolado o aburrido.
Perderse no es del todo malo. A veces es solamente una fase que te obliga a salir de tu zona de confort; un área de oportunidad para hacer ajustes; una etapa en la que las circunstancias te empujan a revalorarte.
Y qué maravilla perderse de vez en cuando, porque eso también te ubica en un nuevo punto de partida donde las posibilidades son infinitas.
Recuerda que siempre puedes llamar a un ser querido o a tu terapeuta, quien con gusto tomará tu mano y te acompañará para recordarte que no estás solo. Quizás te ayude a mirar aspectos de ti que habías olvidado reconocer o validar.
Y olvídate de correr. A veces, regresar a pasos lentos y pequeños representa mucho más de lo que imaginas. Es mejor avanzar lento, pero con la seguridad de que no vas a torcerte o lastimarte.
Caminar despacio, pero con firmeza, te brinda la posibilidad de estar más alerta y percibir detalles que, a otra velocidad, quizá pasarían desapercibidos.
Si estás atravesando una tormenta o sientes que se acerca, no te asustes. Como las ramas de un árbol, estas se fortalecen con los vientos fuertes. La preparación no es correr, sino nutrir tu raíz.
Mira hacia atrás: cargas una mochila llena de herramientas que ya has usado antes. Todas esas capacidades que te han ayudado a salir adelante en otros momentos de tu vida siguen contigo. Porque, ¿acaso no es cierto que ya has sobrevivido a muchas cosas?
Con ellas, tienes lo necesario para construir tu propio refugio y salir fortalecido ante cualquier dificultad. Como si, en lugar de querer adelantar los procesos, el nuevo destino fuera tu bienestar y tu tranquilidad interior.
Eres una pieza más en este maravilloso hogar que tú y yo compartimos y sin ti estamos incompletos. Y desde acá, desde este lado de mi pantalla, quiero recordarte algo: incluso sin conocerte, hay mucho en ti que admiro.
Porque tu historia —única e irrepetible— te ha brindado valiosas capacidades y recursos que te acompañan desde que emprendiste este camino llamado vida.
Y ahora quiero dejarte una última pregunta: Si hoy pudieras sacar una sola herramienta de esa mochila para ayudarte mañana, ¿cuál sería?





Comentarios